Hay juegos que no empiezan sentados… empiezan con ruido.
Con risas, con cocos volando y con algún “¡eh, que casi me das!”.
Coconuts es uno de esos juegos que, en cuanto aparece en la mesa, convierte una tarde tranquila en un pequeño festival doméstico.
Aquí no se viene a pensar en silencio.
Se viene a apuntar mal, a fallar, a celebrar como si fueras campeón del mundo… y a pedir otra partida sin respirar.
Movimiento, puntería y cachondeo familiar del bueno.
Monos, cocos y caos
Siempre me han gustado los juegos que permiten a los niños mover el cuerpo sin dejar de pensar un poco.
Coconuts lo consigue mezclando habilidad física con reglas muy sencillas.
Aquí no gana quien más calcula.
Gana quien se atreve, se equivoca, se ríe… y vuelve a intentarlo.
Y eso, en familia, vale oro.
¿De qué va?
En Coconuts los jugadores controlan monitos lanzadores de cocos que deben disparar sus proyectiles dentro de vasos colocados en el centro de la mesa.
Sí: literalmente, lanzas cocos voladores.
Cada turno consiste en coger tu mono-catapulta, apuntar y disparar intentando encestar en los vasos. Cuando lo consigues, ese vaso pasa a tu zona y forma parte de tu “torre”. El objetivo es ser el primero en completar su estructura.
Cada lanzamiento es una pequeña historia:
fallas, rozas, encestas por los pelos, celebras, vuelves a fallar.
La ambientación es ligera, divertida y muy visual. Los monos, los cocos y los vasos convierten cada partida en una especie de mini-espectáculo doméstico. Y eso hace que partidas de 15–20 minutos se pasen volando.
¿Por qué gusta?
- Diversión inmediata: No hay curva de aprendizaje. Se empieza a jugar al minuto.
- Actividad física suave: Los niños se mueven, apuntan y se levantan sin dejar la mesa.
- Risas garantizadas: Los fallos son tan divertidos como los aciertos.
- Reglas muy simples: Perfecto para edades tempranas.
- Ideal para grupos: Funciona muy bien con varios jugadores.
Cosas a tener en cuenta
- Poca estrategia: Aquí manda más la habilidad que la planificación.
- Puede ser ruidoso: Si buscas juegos tranquilos, este no lo es.
- Requiere espacio: Mejor jugar en una mesa despejada.
No son defectos: forman parte de su personalidad.
¿Qué aprenden l@s peques?
Aunque parezca solo lanzar cocos, Coconuts trabaja más cosas de las que parece.
Mientras juegan, los niños practican:
- Coordinación ojo-mano: apuntar y disparar con precisión.
- Control corporal: ajustar fuerza y postura.
- Concentración: cada tiro exige atención.
- Gestión del error: fallar forma parte del juego.
- Confianza: atreverse a probar sin miedo.
Aquí no hay castigos duros.
Fallas → te ríes → lo intentas otra vez.
Y ese ciclo es una lección emocional fantástica.
¿Es Crazy Coconuts para tu familia?
Coconuts no es un juego para pensar mucho. Es un juego para sentir, reír y compartir.
Funciona especialmente bien cuando buscas algo distinto a “sentarse y mover fichas”: una experiencia más física, más activa y más ruidosa (en el buen sentido).
Es ideal como descanso entre juegos más tranquilos o como protagonista de tardes movidas.
✔️ Para quién sí
- Familias con niños a partir de 5 años.
- Peques activos a los que les gusta moverse.
- Mesas donde se valore la risa por encima de ganar.
- Reuniones familiares con muchos jugadores.
❌ Para quién no
- Familias que buscan juegos calmados.
- Niños que se frustran con juegos de habilidad.
- Mesas pequeñas o con poco espacio.
En definitiva, Coconuts no es profundo, no es silencioso y no es serio.
Es diversión pura en forma de cocos voladores. Y a veces, eso es justo lo que hace falta.
Ficha rápida

- Edad recomendada: 5+
- Jugadores: 2–4 (mejor con 3–4)
- Duración: 15–20 minutos
- Tipo de juego: Familiar, habilidad, destreza
- Complejidad: Muy baja
- Qué trabaja:
- Coordinación ojo-mano
- Atención
- Gestión del error
- Confianza
- Ideal para: tardes activas y grupos familiares
- Sensación en mesa: caótica, divertida y muy ruidosa (para bien)
